"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


domingo, 2 de octubre de 2016

Luis González de Alba (1944 - 2016)

Apenas entro a mi perfil de facebook para ver las últimas noticias de las redes sociales, y me encuentro con un enlace triste que me enchina la piel por unos segundos,  compartido por el divulgador Martín Bonfil Olivera: "Encuentran sin vida a Luis González de Alba". Es bastante extraño y demasiado lamentable. Desde hace muchísimo tiempo que Luis González de Alba, psicólogo por profesión y periodista por pasión, había dejado atrás esos tiempos de lucha revolucionaria que lo llevaron a ser uno de los dirigentes del movimiento estudiantil del 68, siendo él uno de los testigos de aquella matanza que se recuerda un día como hoy pero de hace ya 48 años. González fue apresado en la cárcel de Lecumberri, donde escribió su novela Los Días y los Años.

Me resulta en serio bastante extraño enterarme que aquel escritor con la mirada triste, pero siendo un incansable crítico de la izquierda contemporánea; aquel divulgador científico que en algún momento unió fuerzas por la cultura científica junto a otros como Mario Méndez Acosta y Mauricio-José Schwarz hace unos 20 años; aquel escritor que llegué a ver de lejos en alguna ocasión en la FIL de Guadalajara; aquel autor de quien me tocaría atender a su madre (una anciana adorable) hace poco más de un año en la librería donde trabajo; aquel escritor que, aunque llegué a decirle que lo consideraba el derechista más inteligente que conozco, se ocupó de asegurarme que no era de derecha, haya sido encontrado el día de hoy muerto. Según se informa, Luis González se suicidó.



Con respecto a su "cambio de bando" político, afirmaba que no se había cambiado a la derecha o en sus propias palabras:
No me he cambiado a la derecha... Más bien la derecha les volteó el mapa a muchos al grado de que los hizo creer que el presidente del PRI-Tabasco y compositor del Himno al PRI, el hombre del que no se sabe cómo se mantiene ni cómo mantiene tanta oficina estatal y actividades, ese AMLO priísta de toda la vida es ahora de izquierda.
 Tal vez es su historia política lo que más me causa asombro (y extrañeza). Dirigente estudiantil, preso por dos años, escritor (junto a Nancy Cárdenas y Carlos Monsiváis) del primer manifiesto mexicano en defensa de los derechos de los homosexuales; un activista que escribía columnas en Excélsior, Revista de Revistas y La Jornada; uno de los fundadores de partidos políticos abiertamente de izquierda como los extintos Partido Socialista Unificado de México (PSUM), Partido Mexicano Socialista (PMS), e incluso uno de los que ayudaron a crear el Partido de la Revolución Demócrata (PRD). Todo esto para después pasar a ser colaborador de las revistas Letras LibresNexos o del periódico Milenio; todo esto para después ser uno de los que más abogaban por Josefina Vázquez Mota (afirmando incluso que, aunque la veía perdida, votaría "por principios" por la conservadora candidata de derecha) en tiempos de campaña.

González de Alba se convertiría en la espina de los populistas y de aquellos que veían casos como los de Ayotzinapa un crimen de Estado. El periodista sencillamente se reía de estas afirmaciones. No se cansaba de repetir los hechos que a los chairos se les olvidaba cuando mencionaban los supuestos casos no resueltos de los 43 estudiantes desaparecidos: "¿No está resuelto y hay 128 detenidos, sujetos a proceso, entre ellos el alcalde, narco-esposa y los policías que detuvieron y entregaron a los normalistas? No estará resuelto mientras produzca beneficios la negación."

Todo esto me hace pensar en aquel dicho popular: "si a los 20 años no eres de izquierda, no tienes corazón; si a los 40 años no eres de derecha, no tienes cerebro." Luis González de Alba de seguro aplaudía esto, al describir su propia vida. Por esto mismo es que otros como el periodista Mauricio-José Schwarz, quien de joven trabajó al lado de González de Alba, lo llamaban traidor:
Soy antifan de él [de González de Alba] como de muchos otros que al encontrar que en nombre de la izquierda se habían cometido atrocidades, se pasaron a la derecha como si con ello se lavaran las manos (y sin tener en cuenta las atrocidades cometidas en nombre de la derecha). Soy antifan de la traición ideológica por conveniencia propia y por ende de los traidores ideológicos (en México hay montones en el mundo intelectual y periodístico: Eraclio Zepeda, Alejandro Aura, Felipe Ehrenberg, Carlos Ramírez, Jorge G. Castañeda, Carlos Martínez Rentería, en fin). No hay peor derechista que el traidor a las causas populares.
 González de Alba ciertamente no era una persona con opiniones sobre política y sociedad que yo compartiría. Pero sin duda, aún en sus escritos más polémicos (como los que dedicaba a Ayotzinapa, Tlatelolco o  AMLO), siempre se podía encontrar el ejemplo de un pensamiento claro, crítico y riguroso, aunque no siempre acertado, claro está. Podías o no estar de acuerdo con las opiniones de González de Alba, pero lo que no se podía era el ignorarlo. Ni él ignoraba a otros. Ya sea que hablara sobre la homosexualidad, la (en su opinión, creo acertada) inexistente izquierda mexicana o su islamofobia declarada, González era lo que me gusta llamar pura dinamita intelectual.

De mayor valoración es su obra de divulgación científica. En un artículo de 2001 (publicado en 2014)  pronunciado en la Feria del Libro de Minería, Martín Bonfil, el autor de La ciencia por gusto, le hacía una pregunta a González de Alba, añorando que le respondiera: "¿por qué alguien como él siente la necesidad de poner el conocimiento científico en manos del público general? ¿De dónde viene esa pasión por divulgar la ciencia?"

Luis González le respondería en un comentario dentro de una publicación mía en redes sociales:

Es entusiasmo por la belleza, Martín. Por la geometría de Euclides, por el teorema de Gödel, por Bach y Mozart, por la medición del planeta que hizo Eratóstenes ¡con la sombra de un puto palo! Por la escultura en bronce de Poseidón... Dos anécdotas: Héctor el Pelón Valdés, gran amigo y a quien debe el mundo la existencia de la novela de Puig, El beso de la mujer araña, alguna vez me comentó que cierto primo suyo decía de mí: "Ya ves que el Lábaro (yo) todo lo cuenta como si hubiera cruzado el Amazonas..."
Y otro, un amigo común de Héctor y mío: "¡Bueno, Lábaro... Me estoy dando cuenta de que eres cualquierófilo...!" 
Luego me explicó: "Es que un día tu entusiasmo es un jovencito bello como Ganimedes, otro es un nadador que ves en la alberca de CU, otro es un panzón peludo riquísimo... Uff... lo dicho: eres cualquierófilo..."

La aventura de la ciencia (también soy fan de Darwin) es de una belleza estremecedora que me pone a explicar, de sobremesa, con saleros, platos y arrugas del mantel, cómo un cuerpo que gira "arrastra" al espacio... Acerca de conciencia, me entusiasma Antonio Damasio: The Descartes' error y Looking for Spinoza los leí en estado de éxtasis. 
Cuando Fernando Escalante me invitó a escribir para Amateurs le respondí que no se me ocurría nada. Colgué. En pocos horas me dije: "Pero... ¿y no te la pasas leyendo de cuántica y publicando en espacio siempre reducido y sin poder explicar bien?" Llamé a Fernando y le ofrecí una historia de la cuántica, de 1900, con Planck, al 2000. Y como había releído El Quijote y recordado las apariciones y desapariciones del burro de Sancho, le ofrecí ese título.
Me encantaría hablar más sobre la obra de González de Alba. De sus novelas, sus cuentos, su poesía o sus ensayos literarios. Pero no puedo. Debo confesarlo: en proporción al tamaño del trabajo de González de Alba, yo soy un neófito que apenas lo está conociendo. Soy un lector entusiasta de su divulgación científica y alguien que intenta analizar de manera crítica sus posturas políticas y sociales (tal como imagino, como buen autor que fue, a González de Alba le gustaba que fuera uno con sus artículos), pero nunca he leído ni una novela suya. He visto sus libros en mi trabajo, en las secciones de Literatura Iberoamericana, Poesía y Biografías, pero nunca he comprado alguno que no fuera de la sección de Divulgación Científica (como Maravillas y misterios de la física cuántica) o de Historia (con Las mentiras de mis maestros).

Admirado por autores que yo admiro, como Martín Bonfil, y criticado por otros. Acusado de traidor ideológico por Mauricio Schwarz, o de falsario de la historia por Salmerón Sanginés, de Luiz González de Alba se pueden tener opiniones distintas y contrarias. Y sin embargo,  uno no puede dejar de pensar que una gran mente nos ha dejado.

Actualización 05/10/16  El citado periodista Mauricio Schwarz compartió una interesante reflexión personal sobre Luis González de Alba, la izquierda y los traidores ideológicos. El escrito muestra interesantes puntos sobre la importancia de la izquierda ayer y hoy, así como el papel nocivo de quienes se vuelven traidores a los ideales. Sin embargo, parece ser que Schwarz ya no piensa que Luis González haya sido un traidor ideológico, tal como en alguna otra ocasión afirmó.

2 comentarios:

  1. Si algo caracterizó al maestro fue su claridez y rigor en la divulgación de la ciencia; tuve oportunidad de tratarle cuando presentó "El Sol de la tarde" en la Casa Vallarta de la UdeG, una edición peculiar auspiciada por el ayuntamiento panista de Guadalajara, su bonhomía y sencillez son indescriptibles, regresa a Soros...

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  2. Si algo caracterizó a luis González de Alba fue su habilidad para la falacia. Falsos dilemas, falsos paralelismos, argumentos ad hominem, reducciones al absurdo. Casualemnte, siempre al servicio de los poderosos. Su falta de rigor se advierte en "Las mentiras de mis maestros", como lo expuso Pedro Salmerón. Ni siquiera estaba enterado de que los EUA habían ya adquirido la Luisiana muchos años antes de la guerra contra México. Tampoco sabía que los protestantes son tan rezadores como los católicos. O tal vez solamente fingía que no lo sabía.

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